
Hoy mi jornada ha sido bastante distinta a lo habitual.
Tenía turno de tarde y el planning incluía dos reuniones y dos intervenciones.
Nada más llegar a la oficina me entregaron las llaves del nuevo coche de servicio. Tengo que decir que me encantó conducirlo porque me recordó a un coche que siempre me ha gustado.
También me habían avisado de que la primera reunión probablemente se cancelaría, pero nadie me confirmó nada. Así que terminé esperando en la oficina hasta la siguiente reunión. Al menos eso tuvo algo bueno: pude ver a algunos compañeros que aprecio mucho y que estaban cerca haciendo una formación.
La segunda reunión se desarrolló como estaba previsto. Hablamos de varias situaciones del trabajo y fue bastante útil.
Después tenía que ir a cuidar del adolescente con el que ya he intervenido otras veces, pero esta vez debía ir directamente a su casa. Justo cuando llegó la hora de ocuparme de él empezó a llover, así que tuvimos que cancelar el paseo que tenía pensado. Él se puso a hacer los deberes y yo aproveché para fregar el suelo, ya que mi compañera que había intervenido antes había hecho el resto de la limpieza.
Cuando llegó su padre, terminamos los dos intentando arreglar el ordenador de su hija, que tenía un problema entre dos equipos. Al final, entre una cosa y otra, el tiempo pasó volando.
La última intervención fue para preparar la cena, dejar listo el desayuno del día siguiente y barrer y fregar el suelo.
Después devolví el coche de servicio en la oficina y volví a casa.
