La calma engaña

Hay semanas que parecen más fáciles.

Todo está mejor organizado.

Los trayectos tienen sentido.

Las intervenciones son más tranquilas.

Y entonces uno respira.

Siente que por fin todo va bien.

Que el ritmo es más llevadero.

Que el trabajo pesa un poco menos.

Pero esa calma, a veces, engaña.

Porque basta un pequeño detalle para que todo cambie:

un bordillo mal hecho,

una calle sin adaptar,

un momento de despiste.

Y lo que parecía un día tranquilo…

se convierte en un momento de riesgo.

En este trabajo, la tranquilidad no significa ausencia de peligro.

Significa simplemente que todo está bajo control… hasta que deja de estarlo.

Por eso no se trata solo de hacer bien las cosas.

Se trata de estar atento, incluso cuando todo parece ir bien.

Porque muchas veces,

lo más difícil no es actuar en el problema…

es anticiparlo cuando todavía no ha ocurrido.