
Este trabajo me ha enseñado que el mayor deseo de las personas, por lo general, es ser escuchadas.
No necesariamente aconsejadas.
No necesariamente ayudadas.
Simplemente escuchadas.
Cuando entramos en la casa de alguien, llegamos con nuestras tareas, nuestro horario, nuestro rol.
Pero muchas veces, lo que la persona realmente espera es un momento en el que pueda hablar sin ser interrumpida, sin ser juzgada, sin prisas.
A veces, no hacemos nada más que sentarnos.
Y, aun así, es ahí donde ocurre algo.
Creemos que la ayuda pasa por los gestos.
En realidad, muchas veces empieza por la escucha.
