
Hoy empecé a trabajar a las 12:30, así que primero fui a la oficina para recoger el coche de servicio y salir a trabajar. La primera intervención fue cerca. Aproveché para hablar un rato con la persona, ordenar sus cosas y hacer un poco de mantenimiento en su apartamento. Estaba muy contento de verme, porque me aprecia y le gusta mi compañía, y eso se nota desde el primer momento.
Después volví a la oficina porque tenía una reunión con los agentes de reemplazo (mi puesto). Estuvimos unos 30 minutos hablando, compartiendo información y haciendo algunas actualizaciones. Al terminar, volví a salir para continuar con las intervenciones.
La siguiente prestación también fue cerca, en casa de un señor que, tras una caída, perdió neuronas y ahora tiene importantes trastornos cognitivos, además de una gran pérdida de autonomía tanto física como psicológica. Mi trabajo allí era hacerle compañía mientras su mujer tenía que salir. Durante ese tiempo me quedé con él, hablando y ocupándome también del mantenimiento de la casa, hasta que su mujer regresó.
La última intervención estaba a unos 30 minutos de trayecto. Charlamos un buen rato. Saqué del congelador su comida para el día siguiente y le preparé la cena: su ensalada, su queso, el pan y el pomelo. Después de comer, hice la vajilla y preparé el baño, colocando su silla para que pudiera sentarse y lavarse los dientes. El señor es hemipléjico, así que estas pequeñas preparaciones son muy importantes para su comodidad y seguridad.
Mientras se lavaba los dientes, preparé su habitación para acostarse y dejé la ropa lista para el día siguiente. Luego le ayudé a desvestirse y a acostarse. Cuando todo estuvo listo, me despedí hasta la próxima visita, cerré su casa y el portal con llave y regresé al coche de servicio para llevarlo de vuelta a la oficina y recoger el mío.
Hoy me siento cansado mentalmente, pero me encanta este trabajo. Es un cansancio bueno, de esos que te hacen sentir que has hecho las cosas bien.
