Ventanas interminables y momentos más suaves

Hoy fue un día demasiado cansado. Empecé a las 12:30 para dar de comer a una señora. Todo se desarrolló bien. Su marido estaba más cansado de lo habitual y la señora no tenía muchas ganas de comer, pero aun así consiguió comer bastante.

La intervención siguiente fue solo para hacer limpieza, y fue muy extraña. La señora quería que limpiara los cristales del salón. Hacía años que nadie los había limpiado y estaban en un estado que nunca había visto. La prestación duraba dos horas y, cuando terminé los cristales para pasar a otra tarea, la señora me pedía que los volviera a limpiar. No porque estuvieran mal hechos, sino porque todavía quedaba tiempo. Y así, una y otra vez. Cada vez que terminaba, quería que empezara de nuevo hasta el final de la prestación.

La tercera intervención fue para cambiar a una señora encamada, hacerle una pequeña higiene y después preparar la comida para la noche. Todo fue bien, sin complicaciones.

La siguiente intervención fue perfecta. También era para preparar la comida. La señora comió muy bien, hablamos bastante y todo se desarrolló con tranquilidad.

Al final del día, como de costumbre, devolví el coche de servicio y regresé a casa.

Hubo momentos agotadores y algo irritantes durante la jornada, pero al final creo que no me puedo quejar.