
Esta mañana, en cuanto me levanté, encendí el teléfono profesional para saber dónde iba a empezar la jornada, y ya desde el principio hubo cambios para todo el día.
Comencé con una intervención en casa de una señora para hacerle el cambio de protección y una pequeña higiene íntima. Fue un poco más larga de lo habitual porque surgieron algunos imprevistos. Una vez terminada la higiene, abrí las persianas y preparé su desayuno. Después doblé y guardé la ropa que estaba tendida. Luego ya era hora de salir para una prestación más larga.
En la siguiente casa, la intervención consistía en hacer el planchado. La señora tiene trastornos cognitivos. Había amigos de la familia presentes y la señora no paraba de decir que tenía miedo y que yo tenía que irme. Sus amigos la tranquilizaban diciéndole que todo estaba bien. Una vez terminé de planchar, me quedé un rato con ella charlando y fue como si no hubiera pasado nada: la señora reía y hablaba conmigo con total normalidad.
Justo antes de irme, la oficina me añadió otra prestación, ya que una señora acababa de regresar del hospital.
Con esta última intervención fue un poco extraño. La señora estaba muy cansada, veía muy poco y no quería comer. Pasé un rato en la cocina haciendo un poco de mantenimiento y hablando con ella hasta que llegó la hora de marcharme.
El día fue cansado, pero creo que más por los imprevistos de la mañana que por otra cosa. Aun así, terminé muy contento y tranquilo, porque al final todo salió bien en todos los casos.
